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Más vale paso que dure, que trote que canse  

Carlos Elizondo Mayer-Serra | 14.01.2019
Más vale paso que dure, que trote que canse   
En este artículo, con base en el análisis de publicaciones recientes y el comportamiento de las economías latinoamericanas a lo largo de varias décadas, el autor sostiene que, para lograr desarrollo económico, hay que enfocarse en reducir la variabilidad en las tasas de crecimiento de corto plazo, más que en incrementar las tasas mismas, pues agotarse en la carrera frena por completo el avance.

Es de sentido común. Mejor ir a un paso que se pueda aguantar, a lanzarse a correr de forma insostenible. Sólo cuando hay mucha prisa conviene correr los 42.5 kilómetros de un maratón. El primero en hacerlo murió por el esfuerzo. Mejor ir caminando, aunque se llegue más tarde, y quedar con energía para vivir y poder caminar al día siguiente.

El caso es el mismo para el crecimiento de una economía. En un trabajo reciente titulado Growing, Shrinking, and Long Run Economic Performance: Historical Perspectives on Economic Development,1 Stephen Broadberry de la Universidad de Oxford y John Joseph Wallis de la Universidad de Maryland, enfatizan el papel que las contracciones económicas tienen en el desempeño de las economías en el largo plazo. Muestran que los países más pobres son los que tienen más periodos de contracción económica. Los países que empezaron a despegar en el siglo XIX y que hoy son desarrollados fueron los que se contrajeron en menos ocasiones. Eso fue lo que les permitió crecer más y de forma más estable. Los países con mayor ingreso per cápita son los que tuvieron menos años con crecimiento negativo y esos años malos no lo fueron tanto.

Los autores concluyen que, para lograr desarrollo económico, el enfoque debe estar en reducir la variabilidad en las tasas de crecimiento económico de corto plazo, más que en incrementar las tasas mismas. Correr muy rápido y no poder sostener el paso es una receta para retrasar el desarrollo.

Ciertos arreglos institucionales permiten disminuir las recesiones: derechos de propiedad sólidos, una política macroeconómica que genere estabilidad, mercados financieros bien regulados, pocos conflictos armados; en definitiva, todo aquello que disminuya la incertidumbre y genere confianza. La política económica es el resultado de la interacción entre actores con poder, no se puede diseñar en el vacío, pero conviene tener en mente la importancia de evitar las recesiones que vienen después de acelerones sin bases.

El crecimiento económico de América Latina también parece estar asociado con una disminución en la tasa y frecuencia de las contracciones económicas, más que con altas tasas de crecimiento en ciertos periodos. Como se observa en el siguiente cuadro, de 1970 a la fecha los países que muestran un mejor desempeño económico son Chile y Colombia. Colombia tuvo únicamente un año (1999) de decrecimiento económico, relativamente moderado, -4.2% del PIB. Chile tuvo un peor desempeño, siete años de contracción del PIB y un promedio de decrecimiento de 5.28% en esos años, pero lo compensó con altas tasas de crecimiento continuo durante varios años. Los países con peor desempeño en el periodo mencionado son Argentina y Venezuela, los cuales presentan una gran frecuencia de años con contracción en la economía, 18 y 16 respectivamente. No sólo influye la frecuencia de las contracciones, sino también su magnitud. Venezuela, durante los 16 años de su decrecimiento, tuvo una tasa promedio de contracción de -5.6%. Debido a ello, los años y niveles de tasas de expansión económica se ven más que opacados por las contracciones que experimentan los países. Brasil y México están a la mitad de la tabla, con un número de años de decrecimiento similar a Chile, ocho y siete años respectivamente, con recesiones menos agudas, pero también creciendo menos que en los buenos años de crecimiento.

Si tomamos un periodo más corto, los últimos 10 años, de 2008 al 2017, Chile y Colombia vuelven a mostrar un buen desempeño económico promedio, 3.02 y 3.59% respectivamente. Chile tuvo un solo año de contracción económica, de -1.58. Colombia no tuvo ninguno. Perú muestra un crecimiento incluso más robusto, de 4.92. Tampoco sufrió en dicho periodo un solo año de contracción económica. México sólo tuvo un año de decrecimiento, el crecimiento general bajo y de tal magnitud, que el promedio de crecimiento en el periodo es de 2.07%. Bajo, pero mejor que el de Brasil (1.59%). Si bien el promedio de las contracciones económicas de Brasil es menos malo que el de México, la frecuencia es mayor (3 vs. 1 de México). Venezuela repite con la peor trayectoria dada, con seis años de recesión, así como por el calibre de su contracción, que alcanza en promedio -7.54%. Argentina, por su parte, tiene un desempeño bastante regular, 1.69%, aunque con alta tasa de contracción económica en cuatro de los 10 años considerados (véase el Cuadro 3).

Resumido en un cuadro de crecimiento del PIB per cápita en dólares estadounidenses (véase el Cuadro 4), Chile ha corrido en la ruta neoliberal con sólo cuatro retrocesos desde 1980, y pasó de tener un PIB per cápita de 7,985.42 (medido a precios constantes, USD de PPP, 2011) a uno de 22,258.9 en 2016. Con 17 años de contracción, la hoy socialista Venezuela pasó de 18,247.4 a 12,996.5. Brasil, con 15 años de contracción (de 11,146 en 1980 a 14,182 en 2016) y México, con 10 años de contracción en el periodo (de 13,545.6 a 17,947.8), están casi igual de mal.

Para elevar la tasa de crecimiento de forma sostenida, lo que se requiere es aumentar la oferta de bienes y servicios, es decir, estimular la inversión productiva, no incrementar la demanda a través del gasto público, lo que en el corto plazo más fácilmente puede tratar de controlar el gobierno.

Lo primero es complicado. Hay fallas de mercado que ameritan la intervención del gobierno, por ejemplo en materia de competencia económica. También hay fallas de gobierno obvias, dado que nuestro gobierno no ha sido capaz ni siquiera de garantizar lo básico: seguridad y Estado de derecho. La historia de cómo nuestro gobierno ha asignado capital, el tren México-Toluca es un triste ejemplo, es bastante mala. Esta incompetencia suele ser resultado de mucha corrupción y mucha improvisación a la hora de invertir en infraestructura. La receta teórica para crecer es bastante sencilla: invertir más en la gente, en infraestructura y en maquinaria, pero igual de importante es hacerlo bien. La mala asignación de capital entre los privados obedece a las reglas existentes. Como ha mostrado Santiago Levy en su reciente libro Esfuerzos mal recompensados: la elusiva búsqueda de la prosperidad en México (BID, 2018), las empresas informales (legales o ilegales) son menos productivas, sobre todo porque son pequeñas, por lo que nunca logran la escala suficiente para aprovechar mejor el capital físico y humano que utilizan. Como cada vez asignamos más capital y trabajadores a empresitas de baja productividad, no podemos crecer más de lo que se incrementa el uso de la mano de obra y del capital.

Lo anterior es relevante por la llegada de un gobierno que dice, con razón, que se ha crecido poco, y que explícitamente desea un nuevo modelo de desarrollo con más intervención estatal para impulsar un mayor crecimiento económico. Si consiguen mantener la estabilidad macroeconómica, no veo cómo pueda crecerse más. Si algo han mostrado hasta ahora es que la inversión pública dependerá de los deseos de López Obrador, y no hay planes para mejorar los incentivos para ser formal o informal, que según Levy explican buena parte de nuestro bajo crecimiento. Si no ve mayor crecimiento, el nuevo gobierno se puede desesperar y empezar a gastar de más para impulsarlo. La película es conocida: terminaremos por pagar después el costo de una contracción económica, con la consiguiente disminución del crecimiento promedio. EP

 

1 NBER Working paper series, National Bureau of Economic Research, Cambridge, Massachusetts, abril 2017.

2 Cifras del IMF, World Economic Outlook, abril.

 

 

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Carlos Elizondo Mayer-Serra es profesor de la Escuela de Gobierno del Instituto Tecnológico y de Estudios Superiores de Monterrey.