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#Norteando: Brexit: crisis, migración y el retorno de la derecha

Patrick Corcoran | 28.06.2016
#Norteando: Brexit: crisis, migración y el retorno de la derecha

Tres apuntes sobre Brexit, la salida del Reino Unido de la Unión Europea que se decidió en un referendo el jueves pasado con 52% de los votantes a favor de este nuevo rumbo desconocido.

1) No se sabe hasta dónde va la ruptura, pero es un desastre financiero, económico y político. El día después del voto, la libra esterlina sufrió su peor jornada en 30 años. El gobierno de David Cameron, el primer ministro que agendó el referendo como concesión a los integrantes de su partido conservador, ya cayó. El líder de la oposición también está tambaleando. Los líderes del movimiento a favor de la salida de la Unión Europea, Boris Johnson y Nigel Farage, están reconociendo que la decisión conlleva consecuencias que no advirtieron.

Más allá de la política nacional de Gran Bretaña, otros países que cuestionan la necesidad de la UE ahora tienen un argumento a su favor: si lo hicieron los británicos, ¿por qué nosotros no? Sin impotar los defectos de la UE, nadie se beneficia de una cadena de salidas precipitadas de los países que componen lo que es actualmente la economía más grande del mundo.

No queda claro que el Reino Unido sea tan sólido para aguantar una acción tan radical. El electorado expresó muchas variaciones regionales en sus preferencias--efectivamente, los residentes ingleses optaron por la salida, pero los de Irlanda del Norte y Escocia prefirieron quedarse por márgenes contundentes. Si el Reino Unido sigue con su plan, lo más probable es que Escocia declare su independencia, para luego entrar a la UE sin el acompañamiento de los ingleses.

En fin, aun no es claro dónde se quedarán todas las piezas cuando se acabe este juego, pero será un escenario muy diferente.

2) El nihilismo populista de la derecha está a la alza en muchas partes del mundo desarrollado. El voto de la semana pasada es la manifestación más importante de este fenómeno, pero sobran otras, sobre todo en Estados Unidos: el coqueteo con el default de 2011, el cierre del gobierno como consecuencia de las negociaciones presupuestales en 2013, y la actual candidatura de Donald Trump, con sus propuestas idiotas.

Cada uno de estos casos comparte un resentimiento con el estatus quo como motivación fundamental. En cada uno, el debate es absurdo. La verdad objetiva viene perdiendo terreno contra las mentiras obvias, que lamentablemente no dejan de tener sus adherentes pese a su falta de veracidad. (Véase el argumento ganador del Reino Unido: que los 350 millones esterlinas que se envían de Londres a Bruselas se quedarían en las manos del gobierno británico para su Servicio Nacional de Salud. Este proyecto es completamente falso, como el líder de la campaña del Brexit, Nigel Farage, admitió la mañana después.)

En cada uno de los ejemplos mencionados, los beneficios del cambio propuesto son abstractos y futuros, mientras los costos son enormes, concretos e inmediatos. Es decir, representan el triunfo de la emoción sobre la razón, una forma peculiar y destructiva de gobernar.

Este fenómeno tiene cabida principalmente entre los partidos de derecha, aunque no es un movimiento conservador sino radical. Es más, se está apoderando de la derecha tradicional, que alterna entre tolerar, ignorar y enfrentar a los radicales. El referendo británico debe ser un llamado para los responsables de la derecha a enfrentar la demagogia.

3) Si uno busca el fondo de este sentido de nihilismo, encuentra sobre todo un sentido de desilusión con los cambios culturales provenientes de la modernización. Dicho con más precisión, mucha gente está enfadada porque perciben que no tienen las mismas oportunidades económicas que hace 20, 40, o 60 años, y encuentran el culpable en la figura del inmigrante. Fue así durante la campaña británica recién acabada, es cierto entre los que van a votar a favor de Trump, y es cierto, también, dentro de muchos partidos de la derecha en Europa.

El libre flujo comercial y laboral es un beneficio neto para cualquier país, pero indudablemente genera perdedores. La clase política no ha encontrado la forma de remediar los efectos perniciosos del liberalismo económico, ni la forma de ganar el debate a los que ven en la inmigración un peligro mortal a su identidad nacional. Su estrategia retórica ha sido repetir argumentos abstractos de la economía (y éstos tienen la gran virtud de ser ciertos) e ignorar a los más enfadados. Hasta cierto punto, funciona, pero esta estrategia está llegando a su límite, y es por eso que la xenofobia y el nihilismo están en alza.

 

 

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