#DelVerboToBe: Postales de una familia migrante





Nuestro país, como nación, no acaba de asumirse y de reconocerse como una nación migratoria. Y aunque viven casi 12 millones de mexicanos en Estados Unidos (de acuerdo con datos del Pew Hispanic Center), sólo en ciertos momentos coyunturales se colocan en la agenda pública los retos que imponen las diferentes dimensiones de la dinámica migratoria que ocurre en el México contemporáneo. Hoy día, de México se emigra, hacia México se inmigra, se busca refugio, se transita y se retorna.
Las siguientes tres postales son una ventana a la experiencia migratoria de una familia del Estado de México.
Julián
Salió hacia Estados Unidos (EU) en 1994; tenía 18 años, había terminado el CCH, y la aventura lo condujo a migrar. Llegó a Nueva York, se instaló en un departamento de Brooklyn donde vivía su tío con otra familia, también de Atizapán, Estado de México. Julián trabajó durante más de dos décadas en la construcción. Nunca logró regularizar su situación migratoria. Decidió regresar hace dos años. Nunca se casó, no tiene hijos, y la vida en la Gran Manzana ya lo había cansado. Hoy vive en Naucalpan y trabaja en una casa de materiales.
Sara
En 1998, Julián contactó al mismo pollero que lo llevó hasta la ciudad de Nueva York sano y salvo para que ayudará a cruzar a Sara, su hermana mayor, que se había separado y estaba endeudada con bancos y familiares. Para ese año, el Operativo Guardián en la frontera sur de EU estaba en uno de sus puntos más altos, y las medidas de control migratorio habían cobrado muchas vidas de mexicanos en sus intentos de cruce. Después de tres intentos y tres detenciones, Sara regresó al Estado de México. Nunca más probó cruzar. Hoy trabaja en un salón de belleza junto con otros miembros de su familia. Además, prepara y vende cupcakes.
Manuel
Vive en Nueva York. Se juntó hace dos años con una mujer salvadoreña. Tienen un bebé nacido en EU. Él trabaja como cocinero en un restaurante. Cuando llegó a Nueva York vivió en el sótano del edificio donde vivía Julian, su tío. Tiene 28 años. Julián y Sara creen que no va a regresar a México a menos de que lo deporten.
Sara y Julián, comparten una casa que heredaron de sus padres. El local que hoy es una estética se construyó con remesas enviadas años atrás por Julián. Sara tiene dos hijos más, uno de ellos sonríe cuando le pregunto si desea migrar hacia EU, tiene 18 años, la misma edad que tenía su tío cuando migró por primera vez. No lo dice, pero seguro en unos años ya no estará en México.
*Crédito de la imagen: © Tomas Castelazo, www.tomascastelazo.com / Wikimedia Commons /